Experiencia Misionera en España

La misión para mí ha sido, es y seguirá siendo una experiencia inolvidable e irrepetible. Es una sensación  de felicidad y plenitud que no se puede comparar con ninguno de los lujos que tenemos en la vida diaria.  La misión conlleva muchas experiencias agradables a pesar de los desafíos que también forman parte de una vida misionera. La experiencia misionera se manifiesta como novedad de  vida  en todas las dimensiones de la existencia personal y comunitaria.  Debe ser también una salida al encuentro de las personas, las comunidades y todo el pueblo de Dios, para comunicarles y compartir con ellos la buena noticia del Evangelio, el amor y la bondad de Dios.

Llegada y Acogida: Fui ordenado en 2010, pero antes de mi ordenación sacerdotal ya había sido nombrado para trabajar en la provincia de España. Después de mi ordenación sacerdotal  trabajé dos años como coadjutor en una parroquia espiritana, en la provincial del Sur-este, en Nigeria, mi país de origen. Fue la época durante la cual estuve  preparando mis documentos para obtener el visado para España, algo que no me resultó nada fácil. Había tantos protocolos que seguir, tantos papeles que rellenar que  mi llegada a España se retrasaba y me planteaba si merecía la pena. Fue, también, una importante experiencia.

Finalmente pude salir para España y llegué el día 13 de junio de 2012, hace casi cuatro años. Fueron dos espiritanos a recibirme al aeropuerto de Madrid  y me llevaron a la casa de formación espiritana, en calle Geranios de Madrid. Los miembros de aquella comunidad junto con el superior de la provincia de España P. Víctor Cabezas me acogieron muy bien. Llegué a España en verano, pero no tuve mucha dificultad en adaptarme  al calor, porque el clima de verano en España es parecido al de mi tierra. En Madrid estudié la lengua española, en una academia de idiomas, durante tres meses. Y tras aprender lo básico del lenguaje  pasé un mes en cada una de las tres comunidades espiritanas. Sinceramente, durante ese tiempo tuve muy buenas experiencias. Mi estancia y vivencia en esas  comunidades, incluida la de la casa de formación, me ayudaron a conocer personalmente a los espiritanos  de la provincia de España, y también me ayudaban a compartir en la vida comunitaria de cada comunidad espiritana.  De hecho, para mí  no ha sido  fácil aprender la lengua  castellana. Cuando ya me sentía un poco más seguro con el idioma, el consejo provincial me nombró para la comunidad espiritana de Córdoba, ciudad ubicada en el sur de España, en Andalucía.

Llegué a la citada comunidad el día 5 de enero de 2013 y sus miembros me acogieron bien. Pero al llegar a Córdoba me encontré con otra forma de hablar español. Esto fue un choque para mí porque al principio de mi estancia en Córdoba yo no entendía mucho el acento de los cordobeses, pero poco tiempo después comencé a entenderlo y me fui acostumbrando a su forma de hablar. Fue un tiempo en el que hubo muchos momentos de aburrimiento porque no tenía  ningún trabajo concreto que hacer, aunque yo colaboraba durante un cierto tiempo en el trabajo de Servicio Conjunto de Animación Misionera (SCAM). Entonces, como no tenía muchas cosas que hacer, aproveché  ese  tiempo para mejorar  mis conocimientos sobre la lengua española.

 

Mi trabajo en la parroquia: Fui nombrado por el Obispo de la diócesis de Córdoba  coadjutor de la parroquia de San Acisclo (Valdeolleros) en la ciudad de Córdoba. Oficialmente, comencé a trabajar en está parroquia el día 1 de septiembre de 2013. El párroco de la parroquia, don Francisco Aguilera Jiménez  me acogió  bien y los feligreses me trataron muy bien. En esta parroquia tenemos dos misas diarias, una por la mañana y otra por la tarde, de lunes a sábado, y el domingo tenemos cuatro misas.  De hecho, estoy muy contento con la gente de esta  parroquia, son buenas personas con un corazón abierto y sencillo.

En la parroquia hay muchos grupos que funcionan perfectamente. Es una parroquia bien organizada. Allí, tenemos el grupo de Caritas, de Manos Unidas, de Pastoral de la salud, de catequistas, grupos de las Asambleas familiares. Los grupos de acción pastoral se reúnen una vez a la semana, cada uno de los grupos de matrimonios se reúne cada quince días, y las asambleas familiares lo hacen una vez al mes, durante una semana concreta. Todos estos grupos  están acompañados por los sacerdotes de la parroquia, junto a un feligrés elegido como responsable o coordinador del grupo. Por mi parte, yo acompaño un grupo de matrimonios, además trabajo con los catequistas que preparan a los niños para la Primera Comunión y visito alguno de los grupos de las Asambleas familiares. También desarrollo una tarea especial en la Pastoral de la salud, dado que no solo acompaño al grupo, con el que me reúno tres veces al mes,  y visito enfermos, sino que celebramos una eucaristía mensual por los enfermos y con los enfermos, porque a ella acuden  enfermos de la parroquia y del barrio. No falta la exposición del Santísimo dos veces a la semana; los miércoles por la mañana y los jueves por la tarde. Mi compañero, el párroco don Francisco hace la del miércoles y yo hago la de los jueves. La participación de los feligreses en la exposición del santísimo ha sido  maravillosa.

 

Alegrías: En España, encuentro gente con un corazón sincero, gente muy amable y muy simpática. Me da mucha alegría trabajar con ellos. Allí me encuentro una parroquia viva y organizada. Una parroquia avanzada en la vida comunitaria en la que cada persona se siente importante y bien acogida. Todos colaboran libremente  en las actividades de la parroquia. Es una parroquia en la que la gente está bien animada en la lucha contra  la pobreza, en la búsqueda por la igualdad humana, sobre todo, en la valoración de la vida comunitaria y espiritual de las personas, lo contrario al  individualismo y el egoísmo que han crecido mucho en esta parte del mundo.

 

Cultura y Desafíos: De alguna manera, la cultura de la Iglesia en España es un poco distinta de la que yo conozco en África. Siendo conscientes que la Iglesia universal es una y católica, pero no podemos olvidar de hecho que, en cada país la cultura eclesiástica tiene su peculiar forma de expresarse. En mi parroquia, la primera comunión exige una catequesis previa de dos años, que se imparten durante el curso escolar. Durante esos dos cursos todos los domingos se celebra una misa especial para los niños de catequesis. Al finalizar los dos cursos, habitualmente tienen lugar las primeras comuniones en el mes de mayo. Me merece la pena llamar la atención sobre el hecho que una vez se ha realizado la ceremonia de la Primera comunión, cada niño se va, la misa dominical de los niños se acaba, y ellos no vuelven a la Iglesia ni para la misa, ni para nada. Eso pasa en casi  todas las parroquias. Sinceramente, esa experiencia me asustó porque vengo de una cultura donde la mayoría de los niños van a misa todos los domingos y no solamente durante el tiempo de la catequesis para la primera comunión, y allí la misa de los niños siempre estaba llena. Pero, aquí  en mi parroquia,  pese a que hemos intentado animar a los padres para que puedan dejar sus niños venir a participar en la misa, el sistema sigue igual.

Además de esto, quiero destacar que no tenemos jóvenes en la parroquia. La mayoría de los feligreses son gente mayor. Esta es la situación de la Iglesia en Europa. Es decir, a nivel general en la Iglesia en Europa faltan jóvenes. No obstante, por nuestra parte, tenemos un plan para incorporar a los jóvenes del barrio a la parroquia lo antes posible.

Durante de la Semana Santa hay procesiones, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. Es un acontecimiento que atrae a mucha gente en Andalucía. Estas procesiones   están organizadas por cofradías que aglutinan a mucha gente, también a muchos jóvenes, y duran muchas horas. Cada cofradía organiza una procesión con un paso de Jesús o de la Virgen María o alguna otra escena del evangelio, en la que salen numerosos cofrades y a la que asiste como espectadores una ingente multitud de personas. Es un acontecimiento espectacular  para todo el pueblo. De hecho, las procesiones de la Semana Santa tienen, en su origen, un sentido de la explicación de la fe cristiana mediante imágenes procesionales en la calle, hoy responde a un tipo de religiosidad popular, porque realmente al pueblo le gustan estas actividades, pero luego no hay una praxis verdaderamente cristiana. Desde mi punto de vista, las procesiones inciden negativamente en la celebración del triduo pascual, porque la mayoría del pueblo sale a las calles para ver las procesiones dejando las iglesia con muy poca gente durante las celebraciones del triduo pascual. Esto me da mucha pena porque ensombrece el futuro  de la Iglesia en esta parte de mundo. De todas formas,  no hay que quejarse mucho porque es la cultura del pueblo que  se expresa así desde hace muchos años.

 

Conclusión: uno de los fundadores de la congregación del Espíritu Santo, (Espiritanos), Francisco Libermann  dice a los misioneros europeos que envió a África: “no vayáis allá  para  cambiar la cultura en África,  sino id a vivir en su cultura para atraerles más cerca al evangelio de Cristo”.  Del mismo modo,  mi presencia en España como misionero, sobre todo, es para compartir el amor y la alegría  del evangelio de Cristo con el pueblo de Dios  con todo el respeto que  su cultura y su forma de vivir se merecen. España se puede decir que es un país católico. A decir verdad, teóricamente sí, pero en la práctica no es así. De  todas formas, hay que hacer lo que sea posible para transmitir el evangelio de Jesús al pueblo siendo conscientes de las circunstancias reales sobre el mundo religioso en España y en otras partes de Europa.

Kingsley Eke, CSSp.

Post Author: adm_espiri