Entrevista al cardenal Nzapalainga

Dieudonné cardenal Nzapalainga: «ser cardenal, para mí no es una promoción social, ni un título de autoridad, ni un mérito. Es una invitación a trabajar por la reconciliación y la paz en un país martirizado por la guerra»

Mons. Nzapalainga, cardenal espiritano
Mons. Nzapalainga, nuevo cardenal espiritano

¿Eminencia, como recibió la noticia del nombramiento como cardenal de Bangui?

Estaba en Bossembelé, un pueblo a 160 kilómetros de Bangui para la toma de posesión de un párroco. Después de la Misa, reuní a los fieles y les dije: «el nuevo párroco y los sacerdotes que llegan son vuestros hijos. Debéis acompañarlos, apoyarlos. Debéis estar con ellos, siempre presentes y no dejarlos solos». Mientras hablaba a los fieles, mi secretario vino a decirme que había una llamada para mí. Me entregó el teléfono diciendo: ‘es urgente’. Le dije que si había una urgencia, que procurase resolverla. Y seguí dirigiéndome a los fieles con respecto a la toma de posesión del nuevo párroco. El secretario regresó y me dijo: “quieren hablar con usted por teléfono, Monseñor”. Le respondí, déjame ocuparme de estos creyentes. El secretario marchó. Pero volvió una tercera vez para decirme que era la Nunciatura que quería hablar conmigo y es realmente muy urgente. Por lo tanto, pensé que si me llamaban con tanta insistencia, debía responder. Tomé el teléfono. Era el Secretario de la Nunciatura para anunciarme que el Papa me acababa de hacer cardenal y que la Nunciatura no quería que me informara por otras personas. La Nunciatura quería ser la primera en darme esta información para evitar cualquier rumor que pudiera crear dudas. Ante esta noticia, quedé en silencio, meditando este anuncio en mi corazón. Fue alrededor de las 13,00 h. Después de esto, la noticia llegó a ser conocida por todos. Había sido transmitida por una radio internacional. En el regreso de Bossembelé a Bangui, las personas se reunieron a lo largo de la carretera para expresar su alegría. A 12 km de Bangui, era casi imposible moverse. El coche fue tomado rápidamente por la multitud eufórica. Tardé 4 horas y media para recorrer los 12 kilómetros hasta llegar a la Catedral. La gente cantó, gritó, aplaudió. Era como si se hubiera ganado la Copa del mundo. Al llegar a la Catedral, la multitud de los fieles era inmensa. Mi primera reacción fue dirigirme a la Santísima Virgen. De hecho, como espiritano, recordé que el P. Libermann nos indicó siempre el camino de María, la que se considera la sierva humilde, que tenía la suficiente humildad para aceptar el plan de Dios en su vida. Me recogí delante de la Virgen María para confiar a Dios mi nueva misión. Luego dije a los fieles, he aquí cómo Dios manifiesta su gracia. De un país pobre, hijo de un pobre, el Señor que vino a unirse con nuestra pobreza se manifiesta hoy en esta creación de un nuevo cardenal.

¿Qué representa el hecho de haber sido nombrado cardenal?  

Para mí, esto no es una promoción social, ni un título de autoridad, ni un merecimiento. Es una invitación que el Señor da no sólo a mí sino también al pueblo centroafricano. Somos un país pobre. El Papa vino a visitar este país pobre. Y después, llama a un hijo de este país pobre para ayudar en la misión que Cristo confió a Pedro y sus sucesores. Este nombramiento es también una invitación a trabajar por la reconciliación y la paz en este martirizado país. Creo que es una invitación al trabajo con otras confesiones religiosas. La religión no debe dividir, sino unir. Para eso tenemos que unir nuestras manos para construir una paz duradera.

Usted es un cardenal muy joven, el más joven de todos los cardenales. Y un día será llamado para participar en la elección de un Papa. ¿Cómo ve esta particular misión?

Creo que debemos mantener la cabeza sobre los hombros. Y con mucha humildad, me digo que es una llamada de Cristo a servir a la Iglesia. No tengo de que gloriarme. No hay que vanagloriarse por esto. Sabes, Jesús llamó a hombres de diferentes edades. Les confió la misma misión. Y cada uno lleva su piedra para la construcción, según sus habilidades, según su talento y su experiencia. Creo que la gracia de Dios se manifiesta a todos y es el mismo Espíritu el que actúa en la Iglesia.

¿En los días siguientes al nombramiento para cardenal, cambió de actividades, de forma de vida?

No. Seguí haciendo lo mismo. Dos días después del nombramiento de cardenal, fui a una reunión con la comunidad musulmana en el barrio km 5 de Bangui, considerado como una “tierra de nadie”. Con un padre, hermanas y algunos cristianos, nos fuimos a pie. Desde lejos la gente nos vio llegar y dijeron: «He aquí, los cristianos». Estas personas nos esperaban. Se levantaron y nos acogieron, dándonos la bienvenida. Después de algunos saludos, les propuse una marcha por la paz. Y nos pusimos todos en camino. Durante la caminata, apenas habíamos hecho 50 metros, se puso a seguirnos una cabra. La apartamos unas cuantas veces, pero siempre volvía. Por lo tanto, caminó con nosotros 4 km. Llegamos al monumento de Koudopukou, hombre famoso que participó en la II Guerra Mundial. Allí, tomé la palabra para dirigirme a todos, pedir a unos y a otros de evitar el odio. Y la cabra siempre estaba allí. Resistió a todos los que la ahuyentaban tirándole piedras. No tenía miedo, ni de los coches ni de la gente. Entonces, le dije a la gente, ved, incluso los animales oyeron la invitación a la paz y caminaron por esta paz. Cuando hay guerra, hasta los animales se ven amenazados. Mirad esta cabra que caminó con nosotros 4 km sin tener miedo, porque ella también aspira a la paz. Se niega a vivir en la inseguridad y camina con los seres humanos. Es un milagro, un signo. Es el momento de unos y otros enterrar el hacha de guerra y ponernos en movimiento por la paz en el país.

Se produjo un segundo milagro. En el curso de la marcha, pedí una reunión con los jóvenes que algunos llaman de yihadistas. Estaban sentados en una esquina de la calle, con su arsenal de guerra, granadas, rifles, flechas, cuchillos, machetes… Fui a encontrarme con ellos. Me puse en medio de ellos. Me presenté. Les expliqué por qué deseaba que cada uno respetase la vida del otro. Les hice entender que debo respeto a todos los hombres, porque todos somos creados a imagen de Dios. Les pedí de preservar la vida de todos los que encuentren, porque a veces escuchamos que matan gente con el pretexto de que no son de los suyos. Después de unos minutos de conversación, me pidieron que les diera un tiempo para reunirse. Dejaronme en medio de sus armas y se alejaron. Luego volvieron de nuevo hacia mí con un joven y me dijeron: «Monseñor, apresamos a este joven porque es un traidor. Habíamos decidido matarlo y esperábamos un día para terminar con él. Pero, ya que usted nos pidió de preservar la vida, lléveselo». Mi actitud permitió liberar un hombre y salvar una vida aquel día. Para mí, esto es un milagro. Podéis interrogar a los que hicieron la marcha conmigo, ellos son testigos. Les dirán que ese día una cabra marchó con nosotros por la paz, y además, un hombre joven fue liberado por los yihadistas.

¿Qué quedó de la visita del Papa a la República Centroafricana?

Desde que el Papa anunció la visita a la República Centroafricana, nos movilizamos los cristianos, católicos y protestantes, para recibir al Mensajero de la paz. Para nosotros, el Papa es un mensajero que venía a invitarnos a todos los centroafricanos para construir la paz. Y en el momento de su visita vimos a ministros llorando. Fueron tocados por el mensaje del Papa. En cuanto a la seguridad, todo el mundo decía que era arriesgado para el Papa ir a la República Centroafricana. Milagrosamente, cuando él llegó las armas callaron. Había una especie de tregua. Para hacer esto posible, hicimos una campaña de sensibilización junto con todos con el fin de silenciar las armas y de acoger al Mensajero de Dios. Durante la visita el Papa se dirigió a los políticos y quienes detentan el poder. Les pidió que pensaran primero en las personas que sufren a causa de las divergencias políticas. El Papa apeló al lema del país: “unidad, dignidad, trabajo” para invitar a hacer que este lema sea una realidad. Estuvo con los niños víctimas de la guerra, huérfanos, enfermos, desnutridos, heridos… los tomaba en brazos para reconfortarlos. También fue a los campamentos de refugiados. Allí lo recibieron los niños. Muchos levantaban carteles con mensajes “queremos paz, queremos vivir con dignidad». Todo el mundo estaba conmovido. El Papa fue al km 5, barrio musulmán. Saludó a varios con apretón de manos y palabras de paz. Fue recibido con alegría. Y en el momento de su salida de este barrio todos le siguieron. Fue muy emocionante. Abrió la “puerta Santa” en la Catedral de Bangui. Para nosotros era una señal de que Dios nos visitó y nos invitó a la paz. La visita del santo Padre fue una bendición para nosotros, porque sucedió en el momento cuando la Iglesia celebraba el año de la misericordia. El Papa invitó al Pastor protestante a acompañarlo en el papamóvil. Dieron la vuelta saludando a la multitud. Muchos comprendieron que el Papa no hace diferencias entre los hombres. Desde entonces nos sentimos más cerca unos de otros. Es un signo que demuestra que el problema no es la religión. Muchos centroafricanos entendieron que no deben dejarse manipular. El clima se apaciguó. Los centroafricanos vuelven a convivir.

Entrevistado por Baba Gaston Temgoua

 

Post Author: juanlazaro

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